lunes, 25 de febrero de 2013

Del cubo de la ropa sucia al armario:


Del cubo de la ropa sucia al armario:

Hoy quería hacer referencia al gran misterio del lavado de ropa. ¿Qué hombre no se ha preguntado alguna vez cómo ocurre este milagro? Pues bien, yo si me he hecho esta pregunta y no por ello tengo menos pelo en el pecho.

Para los hombres todavía sigue existiendo esta incógnita, pero con la madurez y la edad uno puede resolver este misterio. El problema es cuando te toca afrontar este desafío. Lo primero que harás será quedarte observando al enemigo. Al ver la complejidad del aparato, cogerás el móvil y llamarás a tu madre para que te vaya indicando. Cuando por fin consigues encender la lavadora y poner en marcha el programa pensarás que ya has triunfado, pero esto es erróneo, no te hagas ilusiones.

A continuación abrirás la puerta de la lavadora (cuando haya terminado el programa) y sacarás toda la ropa que estaba dentro, pero… ¡SORPRESA!, ahora tienes unos lindos calzoncillos rosas, los cuales antes eran blancos. En el fondo no te importa porque has logrado lo que pocos hombres consiguieron ante que tú ¡has puesto una lavadora!

Para finalizar, con las pocas energías que te quedan, vas a obviar el hecho de tener que planchar la ropa y la colgarás, muy bien extendida, encima de sillas, mesas y encimeras, dando un resultado un poco mediocre.
¿Sorprendido? Acabas de aprender el proceso de la primera lavadora y he sido yo el que ha resuelto el misterio. Pero no habría sido posible si este verano no hubiese afrontado la aventura de poner mi primera lavadora.

Todo hombre, después de poner su primera lavadora, se siente enormemente agradecido hacia su madre, esposa o abuela, y nunca más dudará de la inteligencia de la mujer, muy superior a la de los hombres en algunos casos, aunque cueste admitirlo.

Santi D.B

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